Descubriendo a Juanchaco y Ladrilleros IV

Capitulo IV
El canto de un gallo muy lejano me despertó, a mi lado mi esposa dormía plácidamente, en la cama opuesta Gloria y su hijo que eran nuestros compañeros de cuarto, igualmente dormían profundamente, me levanté sin hacer ruido y entre a la ducha una vez vestido para la ocasión, pantaloneta, chanchas y camiseta salí de la habitación y me dirigí a la administración ubicada en la entrada del hotel y a un lado del comedor.

Al salir de la habitación mis ojos encontraron una postal en la cual se enjugaban las palmas que abundan dentro del área del hotel y los árboles en la parte externa con un firmamento azul cubierto por múltiples cúmulos de nubes grisáceas que al recibir el destello del día que comienza se tornan blancas.

Como era de esperarse mi cámara fue apuntada hacia esa imagen y fue reseñada para la posteridad y para ubicarla como imagen de fondo en mi celular, no fue suficiente una, cada paso que daba me abría un abanico de posibilidades de nuevas tomas.

En la barra de atención a los huéspedes se encontraba el administrador quien de manera acuciosa organizaba los documentos y hacia las coordinaciones del caso para el desayuno de los visitantes.
Allí a un lado del comedor la greca a gas ya expelía un agradable olor a café fresco que como embrujado me llevo hasta ella y procedí a servirme un delicioso y aromático tinto, tomé el primer sorbo y procedí a servir otro y con ambos me encaminé hacia la cabaña 29 donde estábamos alojados y desperté a mi esposa para entregarle uno de los tintos. 

Luego de pedirle a Magdalena que se arreglara para estar listos cuando anunciaran el desayuno y así estar listos para partir a nuestro esperado viaje “el avistamiento de ballenas”, salí del hotel y caminé con dirección a Juanchaco y al llegar a la pista aérea nuevamente comencé a registrar cada imagen que llamaba mi atención.

Una vez desayunados y embadurnados de bloqueador hasta el último milímetro de la piel nos subimos al carruaje que vino a recogernos para llevarnos al muelle de Juanchaco para allí tomar la lancha que nos llevaría a mar abierto a nuestra cita con las ballenas.

Nuestro guía Daniel nos advirtió que debíamos armarnos de paciencia porque una vez que estuviéramos en el área, había que esperar mínimo una hora hasta que las ballenas hicieran su aparición.

La lancha avanza rauda dando tumbos sobre las olas, que impulsadas por el caprichoso vaivén propio del mar van de un lado a otro, el agua de un azul profundo y una espuma blanca como la nieve formada por el choque de las olas contra la motonave pintan con pincel celestial aquella fantástica imagen de la cual hacemos parte.

Somos un grano de arena en la inmensidad del mar, somos una gota de agua dulce en la salubre agua marina, somos menos que nada ante el poder y la inmensidad del pacifico colombiano, allí absorto en aquel maravilloso paisaje, escucho el grito de mis compañeros de viaje que se alborotan cuando en la distancia observan un grupo de embarcaciones, detenidas y que son mecidas con fuerza por el mar.

¡Llegamos!

Es cierto allí en medio de la nada, literalmente nada, solo agua y 11 lanchas, El Condor IV, La Sofi I, Zanta Tereza, El Ruby, Los Torres, Sammy, Viejo Cama, Mi Niña Linda, Pacifico Expreso Dos y el Ericka del Mar que era en la que viajábamos, llenas de turistas venidos de diferentes partes del país y del extranjero, como si estuviéramos en trance en medio de una ceremonia esperando que el milagro sucediera.

Y se dio.

Solo instantes después de nuestro arribo se escuchó la algarabía señalando hacia babor se escuchó al unísono ¡allí está!, celulares y cámaras apuntaron para lograr la mejor imagen, pero aquella primera aparición nos había cogido mirando a estribor.

Me he ubicado sobre proa y desde allí logro una vista 180 grados, lo que me da cierta ventaja sobre mis compañeros de viaje, las emociones son muchas cuando la ballena con su ballenato cruza a pocos metros de nuestra lancha la Ericka del Mar, permitiéndonos hace un importante registro gráfico.

Como si entendiera que estamos ansiosos de verla la ballena Jorobada y su cría una y otra vez emergen a respirar y nos dejan ver toda su inmensidad y se alcanza a escuchar el canto de la madre guiando a su pequeño.

Allí extasiados permanecimos no sé cuánto tiempo, buscando nuestra amiga la ballena y su ballenato a estribor, a babor, en la proa y hasta en la popa, la veíamos sumergirse y todo era especulaciones por donde iba a aparecer, en algunos momentos estábamos tan ensimismados observando el área donde se había sumergido y cuando nos dábamos cuenta estaba aproximadamente a media milla náutica de distancia.

Los Pelicanos extraordinarias aves que sobrevuelas permanentemente el océano, se unieron a nuestra ruta de viaje y como si compartieran nuestra admiración por aquel gran ser marino y por unos minutos nos acompañaron y luego continuaron su vuelo a estribor hacia el horizonte donde el mar y el firmamento marcan la línea de nuestro imaginario y la capacidad de observación.

La ballena y su ballenato se han marchado, hace varios minutos no las vemos y decidimos regresar, esta experiencia ha pagado el viaje, hemos visto de cerca y muy cerca diría yo a esos grandes animales que vemos en la televisión, todos absolutamente todos vamos contentos, de acuerdo al cronograma nos vamos para Playa Cucheros. Pero eso es parte de otro capítulo………………………………………..Continuará



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Publicado por: Gabriel Jaime Giraldo
Periodista de la Ciudad de Pereira que en la actualidad es el Director del Noticiero Vocero del Café que se transmite por la emisora virtual www.generalcialaire.com, prestó sus servicios como corresponsal del noticiero Popular de La Cariñosa de RCN, al El Diario del Otún como editor de la página Comunitaria, igualmente fue periodista del Noticiero Buenos Cuba, Buenos Días Risaralda de Latina Stereo. En la actualidad es el director de la emisora www.vozcafe.com